Unidos en la separación
Asignado a un proyecto con su amigo Toni, Aldo enfrentó un gran desafío: ambos tenían ideas diferentes sobre cómo abordarlo. Aunque respetaban las opiniones el uno del otro, sus enfoques eran tan distintos que el conflicto parecía inminente. Sin embargo, antes de que surgiera, acordaron tratar las diferencias con su jefe, quien los puso en equipos separados. Terminó siendo una…
¿Está Dios allí?
Lila estaba muriendo de cáncer, y su marido no podía entender por qué un Dios amoroso permitía que su esposa sufriera. Ella había servido fielmente al Señor, enseñando la Biblia y aconsejando a muchos. «¿Por qué permites que pase esto?», clamaba. Sin embargo, seguía fiel en su andar con Dios.
«Entonces, ¿por qué sigues creyendo en Él? —le pregunté con franqueza—.…
Planes interrumpidos
Los planes de Julia de ser fonoaudióloga terminaron cuando una pasantía mostró que la tarea era emocionalmente demasiado desafiante para ella. Entonces, le ofrecieron escribir para una revista. Nunca había pensado en ser escritora, pero años después, se encontró abogando por los necesitados a través de sus escritos. «Mirando atrás —dice ella—, puedo ver que Dios tenía un plan más…
Divididos en amor
Cuando estalló un debate público sobre una ley controversial en Singapur, dividió a los creyentes con opiniones diferentes. Algunos llamaban a otros «mentes cerradas» o los acusaban de comprometer su fe.
Las controversias pueden causar profundas divisiones en la familia de Dios, lo que lastima y desalienta a la gente. A mí me han hecho sentir disminuida por mis convicciones personales…
Hermoso para Dios
Cuando Denise empezó a salir con su novio, intentó mantenerse delgada y vestirse con elegancia, pensando que así, él la vería más atractiva. Después de todo, es lo que aconsejan todas las revistas femeninas. Pero mucho tiempo después, descubrió lo que su novio pensaba en realidad: «Me gustabas igual cuando pesabas más y no te preocupaba cómo vestirte». Entonces entendió cuán subjetiva es la «belleza».
Cuando todo parece perdido
La vida de Gerardo se derrumbó en seis meses. Una crisis económica destruyó su empresa y su salud, y un trágico accidente se llevó la vida de su hijo. Ante ese golpe, su madre murió de un ataque cardíaco, su esposa cayó en depresión y sus dos hijas menores quedaron desconsoladas. Lo único que podía hacer era recordar las palabras del salmista: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Salmo 22:1).
¿Estás ahí?
Cuando su esposa contrajo una enfermedad terminal, Miguel ansiaba que ella experimentara la paz que él tenía por su relación con Dios. Le había hablado de su fe, pero a ella no le interesaba. Un día, al pasar por una librería, le llamó la atención el título de un libro: Dios, ¿estás ahí? Dudando de cómo reaccionaría su esposa, entró y salió varias veces de la tienda, hasta que lo compró. Y se sorprendió cuando ella lo aceptó.
¿Hay propósitos en el dolor?
Cuando Siu Fen se enteró de que tenía insuficiencia renal y que necesitaría diálisis por el resto de su vida, quiso rendirse. Jubilada y soltera, la veterana creyente en Jesús no veía razón para prolongar su vida. Pero sus amigos la convencieron de que siguiera adelante, se sometiera a la diálisis y confiara en la ayuda de Dios.
¡Una gran noticia!
El artículo del periódico era breve pero conmovedor. Después de asistir a un programa cristiano sobre cómo fortalecer los lazos familiares, a un grupo de prisioneros se les dio la inesperada sorpresa de tener una visita abierta con sus familias. Algunos no habían visto a sus hijos durante años. En vez de hablar a través de un panel de vidrio, podrían tocar y abrazar a sus seres queridos. Las lágrimas brotaban mientras las familias se acercaban.
Buenas obras preparadas
Cuando un fornido desconocido se nos acercó a mi esposa y a mí en una calle en el extranjero, retrocedimos atemorizados. Nuestras vacaciones no habían ido bien: nos habían gritado, engañado y extorsionado varias veces. ¿Íbamos a ser intimidados otra vez? Lo sorprendente fue que el hombre solamente quería mostrarnos desde dónde podíamos ver mejor la ciudad. Después, nos regaló una barra de chocolate, sonrió y se fue. Ese pequeño gesto nos alegró el día… y salvó todo el viaje. Nos sentimos agradecidos, tanto al hombre como a Dios, por habernos dado ánimo.